Siempre nos quedará París

París es la ciudad de la luz, de los tejados, de las terrazas, de los parques, de los candados y de muchas otras cosas que no podéis perderos.

Siempre he pensado que viajar enriquece el alma. Esa sensación, cuando deshaces la maleta, de haber vuelto a casa con el espíritu engordado.

El verano del 2000 en Canadá, en el colegio mayor St. Michaels, fue uno de los mejores veranos de mi vida. Mi viaje a Madeira en 2008 únicamente acompañada de una cámara de fotos y un Suzuki Jimmy descapotable fue, sin duda, una experiencia inolvidable y muy reveladora. Los pasados 4 días con Gon en París, por un millón de motivos, fue uno de los viajes más bonitos que he hecho hasta la fecha.

Y claro, con los años, también va cambiando la forma de viajar. Han cambiado sobre todo los días libres para poder hacerlo y van evolucionando los momentos de la vida en los que viajar es una preferencia y no una necesidad, y hacerlo de momento está libre de cargo económico de conciencia. Porque la vida es muy larga para muchas cosas, y muy corta para otras tantas. No sé si me explico.

Esta pasada Navidad tenía claro que quería regalarle a Gon un viaje especial. Ambos habíamos estado anteriormente en París, pero lamentablemente ninguno de los dos teníamos especial interés en recordar aquellas visitas. Yo especialmente.

Me puse en contacto con Carmen Caballero de 2000 Viajes, agencia de viajes especializada en viajes de lujo a la carta, y puse en sus manos 4 días a París que no podían defraudarnos. Me volví un poco loca, pero mereció la pena.

Carmen se encargó de gestionarnos el viaje y de llenarlo de detalles que lo hicieron único. Como el transfer al hotel en un cochazo de escándalo, la botella de champán que nos esperaba en la habitación, o el desayuno super romántico en privado con el que nos sorprendió el hotel.

Nos alojamos las 3 noches que estuvimos en París en el Hotel du Collectionneur de estilo Art Decó y super bien situado en la zona del Arco del Triunfo, justo al lado del precioso Parque Monceau.

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Entre las recomendaciones de Carmen de 2000 viajes, Mirentxu del Palacio de Montarco y mi cuñada María Fernández – Miranda -directora de belleza de ELLE-, dimos en el clavo gastronómicamente hablando.

La primera noche cenamos en Le Relais de Venice, famoso en el mundo entero por su mítico entrecôte con patatas y una salsa “secreta” con la que perder el sentido. Plato único en la carta, sí o sí.

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El sábado nos pegamos el gran homenaje en Monsier Bleu, uno de los mejores restaurantes de París. Las vistas, el restaurante en sí, la carta, el servicio y los vinos bien justificaron una factura que aún, he de reconocer, me duele un poquito.

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El primer restaurante en el que me cachean para entrar y me hacen un scanner para detectar metales, lo que me hizo sentir paradojicamente más insegura.

Y también disfrutamos de otros restaurantes más de barrio y asequibles, como Chez Janou, Robert et Louise, Cafe de l’Industrie y Le 20 de Bellechasse, dentro de lo que se puede considerar asequible en París.

Parada obligatoria en Fauchon, una de las chocolaterías y pastelerías más conocidas de París. Y yo, el postre, jamás lo perdono.

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Nos pateamos la cuidad entera, literalmente. Y descubrimos rincones, terrazas, calles y tiendas que no nos hubiéramos cruzado de otra forma.

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Compramos ilustraciones antiguas de Babar (un elefante francés protagonista de cuentos infantiles de aventuras) y prometimos volver algún día. Porque siempre nos quedará París.

Un besote, Ana.