Happy birthday to me!

Hoy estoy de celebración, hoy hago gala de mi lema, de todo mi nombre de autor. Hoy celebro mi cumpleaños y lo hago con más ilusión que nunca.

De Leopoldo Abadía leí no hace mucho que había que celebrarlo todo. Los aniversarios, los éxitos, los santos, los cumpleaños, todo. Porque todos ellos son una excusa para reunirte con las personas que quieres, porque te arrancan de la monotonía y porque son un indudable motivo de alegría. Me lo he tatuado.

Por eso, este 2015 me he organizado para pasar mi cumpleaños en casa con mi familia, como cuando era pequeña. Como cuando vivía aquí. Por aquel entonces, la tarta de Peñalba que habíamos escogido mis hermanas y yo llegaba a casa por la mañana llena de velas. Y yo, que soy un poco sentimental, lo voy a celebrar con una de esas, esta vez de ponche.

Peñalba (ojo al dato: abierta desde 1.930) es un lugar por el que hay que dejarse caer vivas o no vivas en Oviedo, seas turista o autóctono. Los pasteles, sus bombones, las pastas dobles… una locura desmesurada de gula y tentación.

Y hoy, siendo golosa por genética, seguro que también caerán unas moscovitas de Rialto, las cuales han traspasado fronteras y, afortunadamente, también puedo comprar en Madrid. Y si no caen, ya que aquí en el norte la primavera y el verano son un “entretiempo” de 6 meses, me iré a tomar un chocolate a la taza y un carbayón, que el día lo merece.

Nunca más cumpliré los años que cumplo hoy.

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Pero si me pilla en Madrid este día, o cualquier otro alegre sin ton ni son, las chicas de The Good Food Company me harían seguro también una tarta de película, de esas que no duran más de 24 horas en la cocina, por grandes que sean.

Porque si estuviera en Madrid, opciones tendría miles. Son tantas las pastelerías y salones de café que han abierto que no podría decantarme solo por uno. Merendar y charlar con mis amigas en Pomme Sucre, Mama Framboise, Miga Bakery… a mi me parece un planazo, aunque parezcamos viejas.

Porque siempre, a pesar de las recomendaciones, en días como hoy u otros aleatorios donde se puede celebrar lo más grande y lo más pequeño, lo verdaderamente importante no es ni el sitio ni la hora, ni siquiera el pastel. Es la compañía.

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La ocasión lo pide a gritos. Gracias a todos los que, de una forma u otra, hicisteis que los últimos 365 días fueran fantásticos y los próximos 365 prometan más que nunca. Estoy en “modo entusiasta”, pero es que no puede evitarlo. ¡Gracias!

Un beso, todo mi cariño, Ana.